Las sociedades de capital riesgo desempeñan hoy en día un papel decisivo en el desarrollo de proyectos tecnológicos provenientes del ámbito de las pymes. Pese a la evidente recesión del mercado de las nuevas tecnologías tras el boom experimentado a finales de los 90, el capital riesgo sigue valorando al sector tecnológico en su globalidad como un sector con gran potencial de crecimiento en el que resulta atractivo invertir. Si bien los proyectos empresariales vinculados a internet han sido los primeros en sufrir las consecuencias del pinchazo de la burbuja tecnológica, no es menos cierto que el sector tecnológico agrupa a un amplio espectro de empresas y subsectores, alguno de los cuales gozan actualmente de una envidiable salud.
En la última década el capital riesgo se ha consolidado como un pulmón financiero para las pymes en general y el sector tecnológico en particular, actuando como un revulsivo frente a la escasez de fuentes de financiación a largo plazo y convirtiéndose en una alternativa atractiva a otras fuentes de financiación más tradicionales como la banca o la bolsa. No hay que olvidar que el capital riesgo es -al igual que el tecnológico- un sector relativamente nuevo tanto en Euskadi como en España y por lo tanto aún cuenta con un importante margen de crecimiento. Basta recordar que las primeras iniciativas de capital riesgo surgen de la iniciativa pública a principios de los 70, y es preciso remontarnos a 1977 para ser testigos de la constitución de Talde, el grupo privado pionero de la actividad a nivel estatal, que ya ha participado en más de 130 empresas, aunque en el ranking del capital riesgo por volumen de actividad, Euskadi se sitúa en tercer lugar, por detrás de Madrid y Barcelona.
Es obvio que la actual conyuntura económica obliga a los inversores de capital riesgo a ser en general mucho más selectivos en la toma de participaciones en empresas, adoptando la mayoría una política inversora más generalista que sectorial, pero también hay que recordar que es precisamente en estos ciclos coyunturales cuando se encuentran oportunidades de inversión más atractivas, al poderse "abaratar" las empresas en el mercado.
El problema principal reside en elegir el proyecto adecuado, para lo cual es de vital importancia analizar la capacidad de sus gestores, la evolución de la tecnología y la maduración del mercado y la demanda. En este sentido, el primer apartado es determinante. Está claro que no basta con tener gran idea empresarial. Es tanto o más importante contar con un equipo gestor eficaz ya que la experiencia nos dice que un proyecto convencional con una buena gestión tiene siempre más posibilidades de triunfar que un proyecto a priori brillante gestionado incompetentemente. La evolución de la tecnología, la maduración del mercado y la demanda son lógicamente otros dos parámetros esenciales para que una empresa tecnológica pueda hacerse un hueco en el mercado: de nada sirve desarrollar un producto extraordinario si el mercado no está preparado para digerirlo, por lo que el momento juega también un papel crucial.
Como ya se conoce, el principal activo que aportan las sociedades de capital riesgo es obviamente la inyección de recursos financieros, pero no hay que subestimar la importancia que desarrollan fomentando un mayor dinamismo en la gestión y dotando de mayor credibilidad al proyecto empresarial ante entidades financieras, clientes y proveedores, contribuyendo así a una mayor generación de valor.
En el caso de las empresas tecnológicas de reciente creación, las sociedades de capital riesgo realizan una labor de apoyo y asesoramiento a los emprendedores de gran valor, no sólo en la definición y puesta en marcha del proyecto, sino también en el seguimiento del mismo y en el dimensionamiento adecuado de los recursos necesarios para llevarlo a cabo.
En el proceso de desarrollo de la empresa tecnológica, las sociedades de capital riesgo pueden contribuir a su consolidación mediante la aportación de su experiencia y conocimiento de la gestión, participando incluso también en la incorporación de socios estratégicos necesarios para abordar el mercado en toda su amplitud, ya que las nuevas tecnologías no conocen fronteras.
Por todo ello, en Talde, desde hace ya más de 25 años, seguimos buscando oportunidades de inversión, y por tanto, personas-proyectos con potencial de crecimiento, que en definitiva son la base de riqueza de nuestra sociedad.
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