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Entre las aspiraciones que en el
año 2000 se explicitaron en la Estrategia de Lisboa, la UE
decidió apostar por la modernización del modelo social europeo,
mediante la inversión en capital humano y la lucha contra la
exclusión social.
Según la última
clasificación elaborada por la Universidad de Shanghai Jiao Tong,
presentada recientemente, sólo una universidad española, la
Universidad de Barcelona (UB), merece estar en el 'top' 200. Si se
amplía la lista hasta las 300, aparecen otras dos: la Autónoma de
Madrid y la Complutense. En los siguientes 100 puestos constan otras dos: la
Universidad de Valencia y la Politécnica de Valencia. Finalmente, por
los cien últimos lugares que recoge el 'ranking' se dejan ver la
Autónoma de Barcelona, la Universidad de Granada, la de Sevilla y la de
Zaragoza.
En total, nueve instituciones
del top 500 mundial, un panorama nada alentador. Es más, sólo las
tres primeras aparecen entre las 100 mejores de ese Espacio Europeo de la
Educación Superior (EEES) que se quiere construir y que, con todos los
peros y las apostillas que se le quieran poner, aún nos viene grande.
Uno de los 'regates' que ha
aprendido a hacer nuestra Universidad es alegar que hay clasificaciones de
todos los colores y que sus resultados dependen de los criterios que se
empleen. La otra clasificación de referencia en este campo, la que
elabora el diario británico 'The Times', sólo incluye a un centro
español en su 'top' 200. Curiosamente, es el mismo que en el informe de
Shanghai, la UB.
Y no es de extrañar esta
coincidencia si se tiene en cuenta que España sólo ha colocado a
20 de sus investigadores entre los más citados del mundo, según
las estadísticas de referencia elaboradas por Thomson-ISI, y apenas la
mitad de ellos está vinculada directamente a la Universidad.
Igual de nítido que el
mal estado de salud internacional de nuestra educación superior, estos
'ranking' destacan que los mejores sistemas universitarios del mundo son el
estadounidense (17 de los 20 primeros centros, según Shanghai, y 11
según 'The Times') y el británico, representado en ambos informes
por la excelencia y la tradición de Oxford, Cambridge y otras
instituciones, como el 'Imperial College' y la 'London School of Economics'.
Lo curioso es que el mal papel
de las universidades españolas en estos estudios contrasta con el
éxito absoluto de nuestras escuelas de negocios. Según el 'Wall
Street Journal', ESADE es la mejor del planeta y otras dos, el Instituto de
Empresa y el IESE están entre las 20 primeras. Este dato hace inevitable
la conclusión de que si se hacen bien las cosas, los resultados llegan,
y la vía más rápida pasa por intentar contar con los
mejores alumnos y profesores.
En lo que, desde luego,
coinciden los cinco expertos consultados por CAMPUS es en que aproximarse a las
mejores universidades del mundo pasa por imitar su exigencia en la
selección de docentes, investigadores y alumnos:
HITOSHI OSHIMA
Actualmente es profesor de
Literatura Comparada de la Universidad de Fukuoka, pero Hitoshi Oshima
comenzó su carrera académica en la Universidad de Tokio, la mejor
de las asiáticas según el informe de Shanghai y la número
19 del mundo.
Según Oshima, son varios
los factores que explican el éxito de la institución: una
"exigente" política de "admisión de estudiantes", "la conciencia
de élite que se cultiva dentro del campus"; "el apoyo del Gobierno" en
mayor medida que otros centros y "el fuerte vínculo con las
universidades europeas y americanas desde su fundación, en el siglo
XIX". La selección del profesorado se hace por un procedimiento similar
al español aunque, en ocasiones, "se contacta directamente con la
persona deseada por el departamento y se la rescata". Pese a las grandes
diferencias, este docente japonés aventura un denominador común
de la educación superior de Asia oriental (China, Japón y Corea):
"La relación paterno-filial que caracteriza la relación
profesor-alumno, por influencia de la tradición confuciana". No
obstante, Oshima considera que el resto de universidades japonesas y
asiáticas han ido limando diferencias desde los 70. "El elitismo y el
vínculo estrecho con el Gobierno fueron duramente criticados", comenta,
"y bajó la calidad".
También se produjo un
proceso de independización respecto al Estado que ha tenido sus
consecuencias. "La Universidad de Tokio se está orientando hacia las
demandas de la economía de mercado, cosa que no ocurría
fácilmente en el siglo pasado", plantea Oshima.
SERGIO VERDÚ
Es profesor de Ingeniería
Eléctrica en la Universidad de Princeton, octava del mundo según
Shanghai y décima según The Times. No obstante, ha realizado
estancias en otras importantes universidades del mundo, como la de California
en Berkeley y el Instituto Tecnológico Technion de Israel. Con este
bagaje, Verdú subraya dos factores "vitales" para el éxito de los
centros superiores norteamericanos. Por un lado, la diversidad de sus
científicos. "Las grandes potencias científicas han caído
en picado en cuanto los fundamentalismos religiosos o raciales han suprimido la
diversidad", recuerda, para destacar la "gran movilidad interna" de los EE.UU.
y su "espectacular capacidad para atraer e integrar al talento que viene de
fuera de sus fronteras".
Por otro, "la estructura
piramidal del profesorado" en Europa y Japón. "Menos jerárquico"
es, a su juicio, el sistema americano", en el que "los recién doctorados
tienen libertad para marcar sus propias pautas y elegir sus temas de
investigación". Según Verdú, "las ideas realmente
innovadoras surgen de las mentes jóvenes; por tanto, hay que hacer lo
posible para proteger su independencia". En cuanto a la selección de los
docentes, resalta que "la tradición de excelencia es hereditaria" y, por
tanto, "el profesorado de alto nivel científico tiene interés en
contratar a profesores excelentes" y viceversa.
XAVIER SALA I MARTíN
Es catedrático en la
Universidad de Columbia (puesto 7 según Shanghai, 12 según The
Times), aunque se doctoró en Harvard y también impartió
clases en Yale. Desde esa experiencia afirma que "el sistema universitario
americano es bueno, principalmente, porque fomenta la competencia entre
universidades en todos los niveles" y destaca que "no es casualidad que, en
español, la palabra opuesta a competencia sea incompetencia".
Esta apuesta se trasluce en la
selección del personal. "Los profesores de un departamento deciden a
quién quieren contratar", recuerda el profesor catalán, aunque la
decisión debe superar un comité interdisciplinario que maneja
informes evaluadores anónimos realizados por expertos de todo el mundo
que, como tales, no tienen en cuenta el pasaporte. "Nunca me han preguntado de
qué país soy. La nacionalidad del candidato es absolutamente
irrelevante", subraya Sala i Martín.
ERICH MULLER
Es venezolano, pero trabaja como
profesor de Ingeniería Química del Imperial College de Londres
(novena del mundo, según The Times), aunque podría haberlo sido
de la Universidad de Sevilla, donde trabajó como contratado Ramón
y Cajal en 2004. "Debido a las trabas burocráticas, un año y
medio después de llegar aún no tenía todos los visados
para mi familia", recuerda Muller. La comparación es odiosa. "Al mes de
concederme la plaza en el Reino Unido, ya me habían conseguido los
visados", comenta, antes de confesar que, "en igualdad de condiciones,
habría preferido Sevilla". Sintomático.
"¿Cómo es posible
que para contratar a un profesor en España, éste tenga que ser
funcionario, homologar su título, pasar penurias para obtener un
visado...?", se pregunta Muller. En el Reino Unido, ha podido comprobar como
"el desempeño de los departamentos es medido muy de cerca y, por ende,
es de interés que todos sus miembros produzcan al máximo, pues de
eso depende el sueldo de todos". En España, sin embargo, "no pasa nada"
si un docente lleva años sin publicar un artículo o conseguir un
proyecto. Tanto es así, que "los departamentos sin éxito pueden
llegar a desaparecer, cosa que no es infrecuente".
CARLOS ELÍAS
Acaba de regresar a su puesto
como profesor titular de Periodismo Científico en la Carlos III de
Madrid después de un año en la London School of Economics (LSE,
17a del mundo según The Times) como profesor visitante. A su juicio, el
éxito de las universidades británicas se debe a tres factores.
El primero, que "intentan
reclutar a los mejores profesores del mundo y, además de los
currículos que les llegan, tienen un sistema de ojeo similar al de los
clubes de fútbol". Se da otra importante diferencia de enfoque. "En Gran
Bretaña te contratan por lo que puedes ofrecer en el futuro, y en
España, en general, es la consecuencia de lo que has hecho en el
pasado", sugiere Elías.
El segundo factor, que "asumen
riesgos intelectuales y académicos, fomentando la interdisciplinariedad
y la contratación de gente con perfiles singulares"; y la tercera, la
exigencia en la selección de estudiantes. Elías aporta un curioso
dato sobre la procedencia del profesorado de la LSE: "El 44% procede de
países diferentes a Gran Bretaña, y sólo la mitad de ese
porcentaje es de la Unión Europea".
LAS PÚBLICAS
TAMBIÉN TIENEN ÉXITO
Los defensores del modelo
privado suelen citar a las instituciones americanas como ejemplo de que una
mayor independencia de los gobiernos garantiza mejores resultados. Sin embargo,
en el modelo americano existe una gran diversidad de situaciones en ese
sentido, como señala Xavier Sala i Martín. "De las mejores
universidades del mundo según el ranking de Shanghai, 17 son americanas.
De éstas, ocho son públicas", afirma.
De hecho, la cuarta universidad
del mundo, la de California en Berkeley, es pública; y también lo
son las de Wisconsin (16a) y Michigan (21a). Sí es cierto que, como
puntualiza Sala i Martín, "las públicas no dependen del Estado,
ni están obligadas a contratar funcionarios y enseñar lo que
dicta la burocracia estatal ni los lobbies de profesores", sino que "compiten
con las privadas en todos los aspectos". En todo caso, aclara que tampoco es
fácil que las universidades privadas acepten presiones de sus
financiadores.
MÉTODO
Las diferencias entre los
ranking de la Universidad de Shanghai Jiao Tong y The Times se explican por sus
distintos baremos. El primero sólo incluye indicadores cuantitativos muy
centrados en la labor investigadora como el número de premios Nobel
obtenidos por docentes o alumnos de una institución, el número de
científicos entre los más citados del mundo y los
artículos publicados en Nature y Science. En cambio el diario entrega un
50% de la puntuación a encuestas respondidas por más de 3.000
académicos de todo el mundo y otras personalidades vinculadas a la
Universidad. Además, otro 20% valora la calidad docente teniendo en
cuenta la ratio profesor-alumno. Sin embargo, curiosamente, ambos colocan a la
Universidad de Barcelona en los mismos puestos.
EUROPA
El éxito de Oxford,
Cambridge y los college de la Universidad de Londes, el Imperial College (ya
independizado), la London School of Economics (LSE) y el University College of
London ha convertido a la Universidad británica en un modelo a seguir
para el Espacio Europeo de Educación Superior. Sin embargo, en el Reino
Unido no se sigue con demasiado interés el Proceso de Bolonia. "No les
preocupa porque saben que su modelo es bueno", comenta Carlos Elías tras
un año como profesor visitante en la LSE. "Ellos miran a EE.UU. y no a
Europa, a la que, según constaté, consideran decadente y poco
innovadora", añade. Argumentos no les faltan, desde luego. La LSE tiene
asociados 13 premios Nobel y el Imperial College, 14.
LOS 'DIEZ MANDAMIENTOS' DE LAS
INSTITUCIONES PRESTIGIOSAS
Aunque existe gran disparidad
entre los centros punteros, los expertos detectan a un denominador común
- Fichar a los mejores profesores. En
las universidades punteras no son necesarias las homologaciones, los concursos
o las acreditaciones, pero no ocurre como en las españolas, donde un 96%
de los que obtienen una plaza de funcionarios en un centro ya trabajaban en
él y donde un 70% pugna en solitario por un puesto, según un
estudio del CSIC. "En EE.UU., el profesorado que se ha doctorado en la misma
universidad donde trabaja es del 7% y en Francia del 50%", recuerda Sergio
Verdú. Los departamentos de las instituciones que han alcanzado la
excelencia deciden qué perfiles docentes o investigadores quieren
cubrir, publicitan la plaza a bombo y platillo y dejan que los expertos en la
disciplina o un comité de la casa creado al efecto elijan al mejor del
mundo. O bien, crean una plaza para contratar a un profesional prometedor o
consolidado que les garantice resultados.
- Estudiantes. La obsesión por
contar con los mejores también implica al colectivo estudiantil. Por
eso, las mejores universidades son muy exigentes con el nivel académico
de sus alumnos. En cambio, como señala Carlos Elías, "no tienen
inconveniente en regalar la matrícula o, incluso, pagar una beca sueldo
a los alumnos brillantes y no tan brillantes con menos recursos". "Los ricos,
por supuesto, pagan mucho", matiza. Tampoco se preocupan por la nacionalidad.
Un ejemplo: De los 7.500 matriculados de la London School of Economics el curso
pasado sólo un 36% era de Gran Bretaña y apenas un 15% era de la
Unión Europea.
- Financiación. Entre las
universidades exitosas las hay públicas, pero todas ellas disfrutan de
cierta autonomía para tomar sus decisiones independientemente de los
gobiernos. La parte más sustanciosa de sus ingresos proviene de los
proyectos de investigación. De ahí que se preocupen tanto de
contar con buenos científicos. "Una de las desventajas de las estatales
es que sus presupuestos están a merced del momento político y
otras prioridades", expone Verdú.
- Responsabilidad. Contratar al hijo
científico o al candidato de la casa tiene consecuencias en su
nómina. "Una fracción de los proyectos de investigación
recae directamente en el departamento, que podría repartirlo como
sueldo", apunta Erich Muller sobre el Reino Unido.
- Flexibilidad. El deber de cumplir unas
mismas reglas del juego para todas las universidades del mismo país
puede llegar a ser un lastre cuando se trata de estar siempre en la vanguardia
de la sociedad, como resume gráficamente el profesor Xavier Sala i
Martín. "¿Cómo estarían hoy el Barça o el
Madrid si todos los jugadores fueran funcionarios, si todos cobraran lo mismo
independientemente de su rendimiento, si el dinero del club dependiera de lo
que dice un ministro y si el entrenador y el presidente fueran elegidos por los
jugadores, los masajistas y los utilleros del equipo?", se pregunta. "Seguro
que los representantes de la liga española no ganarían ni una
Champions más, se responde.
- Rectores designados. Aunque los
rectores españoles siempre han ensalzado su legitimidad
democrática, para manejar el timón de una institución
excelente no hace falta un académico que haya sabido granjearse el apoyo
de sus compañeros, sino el mejor gestor posible. Por ello, las
universidades británicas y americanas los rectores y presidentes son
elegidos por patronatos al más puro estilo empresarial. Otros sistemas
universitarios, como el japonés, también caminan hacia ese
modelo. "Hay un sistema pseudodemocrático, en el que las reuniones de
profesores consisten en dejar pasar o no las decisiones del Rectorado", plantea
Hitoshi Oshima.
- Competencia. La obsesión por
atraer a los mejores profesores, científicos y estudiantes acaba
abocando a las universidades a una feroz competencia que, a la larga, erradica
las prácticas endogámicas y la replicación de la
mediocridad.
- Combinar docencia e
investigación. En todas las universidades consultadas por CAMPUS el
personal combina, salvo excepciones, las labores docentes e investigadoras. Por
mucho tiempo que detraigan las primeras, dar clase se considera, especialmente
en el doctorado, una fuente de riqueza.
- Adaptabilidad. Las demandas de la
sociedad y, en concreto, del mercado laboral, varían. Impartir las
carreras en boga hace 20 años o encauzar la investigación de los
jóvenes científicos hacia el área del catedrático
del departamento, que realizó su tesis hace 40 años, son
prácticas que conducen al fracaso.
- Globalización. Las mejores
universidades del mundo intentan extender su prestigio hacia sus nichos
universitarios naturales. "La Universidad española está ciega
ante su más grande potencial, que es servir de fuente natural para
estudios avanzados en Latinoamérica", denuncia Erich Muller.
Fuente: El Mundo Digital
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