|
En 1960, sólo 13 millones
de afortunados en todo el mundo gozaban del privilegio de estudiar una carrera
universitaria. Cuatro décadas después, en 2004, la cifra de
matriculados ascendía ya a 132 millones. Encauzado el reto de facilitar
el acceso, políticos y autoridades académicas se enfrentan ahora
a otro desafío: salvaguardar la excelencia de la enseñanza.
Éste es, precisamente, el
tema central del informe 'La educación superior en el mundo 2007,
acreditación para la garantía de la calidad. ¿Qué
está en juego?'
Elaborado por 48 autores -de los
cuales 28 son de países en vías de desarrollo-, el estudio se
presenta en el marco de la III Conferencia Internacional de Educación
Superior de Barcelona, que organiza la 'Global University Network for
Innovation' (GUNI) con el patrocinio del Grupo Santander, y que cuenta con
ponentes como Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación
Cultura de Paz, Miguel Ángel Quintanilla, secretario de Estado de
Universidades, Antoni Giró, rector de la Politécnica de
Cataluña y presidente de la GUNI y José Manuel Moreno,
subdirector general del BSCH, entre otros.
AGENCIAS
"La acreditación se
perfila como el mejor sistema para certificar la calidad de la enseñanza
en este escenario de absoluto 'boom', tanto en la oferta como en la demanda
universitaria", asegura Cristina Escrigas, directora ejecutiva de la GUNI. Para
encontrar las primeras experiencias en este campo, Escrigas se remonta "a la
década de los años 30 del pasado siglo XX, en Estados Unidos".
Sin embargo, estas prácticas no se generalizaron hasta hace "apenas 20
años, cuando la acreditación se convirtió en un
auténtico sello de calidad de las titulaciones". En la actualidad, "42
estados cuentan con algún tipo de mecanismo para garantizar el buen
funcionamiento de sus enseñanzas, a través de agencias externas,
gubernamentales o privadas".
El objetivo de estas agencias
es, en palabras de la directora ejecutiva de la GUNI, dar a "todos los sujetos
implicados en el proceso formativo -profesores, alumnos, padres, empleadores,
etcétera- una guía de navegación". Universidades
públicas y privadas han de someterse por igual al termómetro de
la acreditación, "porque todas tienen ámbitos de mejora en la
adecuación a su entorno, a las necesidades del mercado laboral y de la
sociedad".
Cristina Escrigas adelanta
cómo esta preocupación internacional podría encauzarse en
el establecimiento de un gran espacio global de acreditación. Para
alcanzar este objetivo, se requeriría "la puesta en común de los
sistemas de acreditación de todos los países, saber con
qué indicadores trabajan para poder facilitar así la
comparación y la correspondencia entre ellos".
Pero en este punto, los expertos
se dividen en dos tendencias principales: "Los partidarios de un sistema
internacional de acreditación y los que sólo se mostrarían
a favor de él dependiendo de cómo se llevara a cabo". Unos y
otros explican sus motivos en la cita que organiza estos días la GUNI en
la que también se va a hablar sobre el papel de la Universidad en la
formación para la paz y el diálogo intercultural.
DESARROLLO
Creada por la Universidad de
Naciones Unidas (UNU), la UNESCO y la Politécnica de Cataluña,
con el respaldo del Grupo Santander, para promocionar la educación
superior como ingrediente clave para el desarrollo, la GUNI considera a la
Universidad como "un bien público de gran calidad, tal y como se
definió en los acuerdos establecidos en la Conferencia Mundial sobre
Educación Superior de 1998", según explica su directora
ejecutiva.
Actualmente, es una red que
agrupa a 114 instituciones (cátedras UNESCO, centros de
investigación, comités asesores, redes y universidades, entre
otros) de 43 naciones. Todas ellas comparten un mismo ideario. "Fortalecer el
compromiso social de la educación superior", asevera Escrigas.
Y es que, mientras los
responsables educativos de todo el planeta trabajan por ajustar las
titulaciones a las necesidades del mercado laboral, la GUNI se orienta como
"una institución promotora de ideas innovadoras", promoviendo debates
con los que sacuden las conciencias colectivas como el cuestionamiento de la
formación que reciben los estudiantes.
Fuente: El Mundo Digital
|