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La universidad y los
laboratorios continúan siendo terreno vedado para las mujeres, sobre
todo en los puestos de mayor categoría profesional. Un informe de la
Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)
alerta de que la proporción de investigadoras se ha quedado estancada.
Baste analizar la situación del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC), buque insignia de la ciencia en España: en
1981 un 5,8% de los profesores de investigación (equivalente al nivel de
catedrático) eran mujeres; 22 años después, el porcentaje
ha subido menos de cuatro puntos para situarse en un 9,3%.
"La población de
investigadoras se distribuye de forma escandalosamente piramidal -apunta el
estudio-. Del total de mujeres, casi el 70% están concentradas en la
categoría más baja".
En la universidad, el retrato es
bastante similar ya que en el presente curso la cuota femenina entre los
profesores -sea cual sea su categoría docente- se sitúa en un
33%, es decir, cuatro puntos menos que en el 2001-2002. De los 71 rectores,
únicamente hay cuatro mujeres y una sola directora en los 17 Organismos
Públicos de Investigación. Los expertos advierten de que
está demostrado que sin políticas de discriminación
positiva para las mujeres resulta imposible salvar las diferencias entre sexos.
"A pesar del empuje, desde hace 20 años, de licenciadas y doctoradas,
las mujeres siguen sin llegar a los altos puestos. Necesitamos fórmulas
de intervención política para que aumente la presencia femenina
en posiciones de control y gestión en ciencia y educación
superior", reclama la directora de la nueva Unidad de Mujer y Ciencia,
Capitolina Díaz.
El sistema educativo superior se
convierte en un claro ejemplo de cómo, en la práctica, la
igualdad de oportunidades no existe. A pesar de que el punto de partida es
bastante equilibrado o incluso favorece al colectivo femenino - un 54,2% de los
matriculados en la universidad son mujeres y entre los licenciados roza el
60%-, el punto de inflexión se produce después de la lectura de
la tesis doctoral cuando de reparto 50/ 50 la proporción de mujeres cae
dramáticamente hasta el 33% mientras que las catedráticas
representan alrededor del 13%. "Los datos demuestran claramente, explica el
informe de FECYT, que las mujeres son mayoría cuando existe la libre
competencia como entre el alumnado. Pero la situación cambia cuando
está en juego la pertenencia a las instituciones científicas. Los
sistemas de selección añaden a los méritos y a la
experiencia un tipo de red informal en la que se juzga no sólo la
capacitación sino la adecuación". ¿Qué falla? Bajo
el "disfraz" de concurso de méritos, se beneficia a los candidatos
hombres, que a su vez son elegidos de forma mayoritaria por otros hombres.
Para luchar contra esta
situación, el Ministerio de Educación y Ciencia defiende la
introducción de paridad - que las mujeres representen al menos el 40%
del total- en todos los tribunales que deben evaluar y decidir la
contratación o promoción del personal investigador, tal y como
recogerá la futura ley de Igualdad en las listas electorales.
El año pasado ya
implantaron esta medida en los tribunales del CSIC, que por primera vez
contaron con un 43% de investigadoras. En esta única convocatoria, la
proporción de mujeres que alcanzaron puestos de profesores de
investigación (la categoría más alta de la
institución) pasara del 15 al 18%, según explicó Flora de
Pablo, presidenta de Asociación de Mujeres Investigadoras y
Tecnólogas (AMIT).
El informe rompe además
con la creencia de que productividad científica de las mujeres es
más escasa. "Los datos del CSIC no apoyan esta teoría ya que
dentro de cada categoría no se observaron diferencias significativas
entre ambos sexos en su productividad o en el impacto medio de las revistas en
que publican", señalan.
La ministra María
Jesús San Segundo presentó la Unidad de Mujer y Ciencia, nuevo
instrumento aprobado hace un año por el consejo de ministros con el que
pretenden impulsar y evaluar políticas de igualdad en la
investigación científica. Fuente: La Vanguardia Digital |