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En los últimos
años hay una notable proliferación de artículos, debates,
jornadas, etc. en los que se menciona la importancia que tiene para la
competitividad de nuestra economía la dedicación de un mayor
porcentaje del PIB al esfuerzo en I+D. El artículo del
catedrático de la Universidad Complutense César Nombela (1) sobre
el esfuerzo dedicado a la I+D es uno de los artículos más
recientes.
Los indicadores de I+D que se
utilizan para comparar nuestro país con el resto muestran que estamos
por debajo de los estándares, ¿quiere esto decir que forzosamente
dejaremos de ser competitivos? Es más, si logramos los objetivos de
Barcelona 2002, ¿seremos más competitivos? ¿Y nuestros
competidores seguirán siendo competitivos? Estoy totalmente de acuerdo
en que el esfuerzo en I+D hay que aumentarlo, pero creo que todos los que
trabajamos de forma operativa en estos temas tenemos muy presente la dificultad
de "CÓMO" lograr que estas inversiones se traduzcan en resultados.
César Nombela comenta que
mientras los presupuestos del Estado para I+D sigan creciendo a un ritmo
sostenido pero lento, y el sector privado no incremente su participación
"no nos queda otra opción que una gestión eficaz e inteligente
para poder avanzar". Esta última frase es la que verdaderamente ha
suscitado mi reacción, probablemente llevándome a un campo no
pretendido por el autor.
En mi honesta opinión,
tenemos mucho camino por recorrer en el aumento de competitividad haciendo
únicamente una gestión eficaz e inteligente de nuestros procesos:
en particular en el proceso de I+D+i y más en general, en todos aquellos
que no funcionan de manera eficiente y generan grandes pérdidas.
Esta gestión incluye el
conocimiento de quiénes son los que están dispuestos a pagar por
lo que producimos (clientes internos y externos), qué esperan de
nosotros y cómo podemos sorprenderlos placenteramente, qué les
entregaremos haciendo qué tipo de actividades a partir de qué
recursos. Todavía se complica más el trabajo a desarrollar si
mezclamos los planes de la empresa a corto con el medio-largo plazo. En este
caso, que es el más realista, los clientes cambian, los productos
cambian, etc. y todas las actividades de la empresa debieran de estar alineadas
para que los "QUÉS" se resuelvan de forma eficaz y eficiente.
Lograr que una empresa ya
existente sea competitiva tiene mucho que ver con trabajar con personas
intentando transmitir las respuestas a los anteriores interrogantes, respuestas
desconocidas por una parte importante de las personas de las
organizaciones.
Esto implica una gran labor para
los directivos de la organización que han de identificar los procesos
clave, los clientes principales, la situación de la organización
frente a la competencia, etc. para desplegar una estructura organizativa que
trabaje de forma alineada para ser los mejores. Además implica trabajar
en equipos en los que cada uno de los participantes conozca la importancia que
su contribución supone a la organización. Y a mi entender,
implica crear una cultura, unos hábitos de trabajo donde se aprende del
entorno y se resuelven de forma eficaz las situaciones no deseadas.
Llegando a la parte operativa de
la empresa, necesitamos personas con aptitudes y actitudes tales que aseguren
que los proyectos de I+D+i o de mejora resulten beneficiosos a la empresa.
De nuevo llegamos a que la
inversión a realizar para lograr competitividad no está en
general en la compra de una tecnología sino en la estrategia de una
organización, en la manera de desplegarla y en la capacidad de sus
personas. Y aunque pueda sonar a argumentos para grandes empresas no es
así. Podemos citar por ejemplo las reflexiones del gerente de MICRODECO
(2), una de las PYMES ganadoras del Premio Europeo a la Calidad del 2003:
"Antes me pasaba el día en tareas del día a día, apagando
fuegos. Ahora el 80% de mis actividades son nuevas y me dedico a preparar el
futuro de la empresa".
En cuanto a las habilidades o
hábitos de trabajo creo que es importante la adquisición de una
sistemática o "método científico" consistente en aprender
a partir de la interacción entre la parte inductiva y la deductiva.
Tenemos teorías que hemos de contrastar con datos y a partir de estos,
tomar decisiones creando nuevas teorías para volver a comenzar el ciclo.
El aprendizaje verdaderamente
efectivo es aquél que implica emocionalmente al sujeto que aprende y
además es continuo en el tiempo. Es decir, en los seminarios cortos poco
se aprende y menos si no tienes un problema pendiente que resolver. Y en esto
nuestro actual sistema universitario tendrá que cambiar para acercar al
estudiante a la empresa desde el primer momento, y las organizaciones
tendrán que cambiar para que el aprendizaje continuo se comparta.
No he encontrado datos que
demuestren que los alemanes genéticamente son más
sistemáticos que los españoles, que los vascos lo somos
más que los gallegos o que los trabajadores de GE sean más
efectivos por su genética. Sin embargo, existen creencias populares de
este tipo. ¿Se ha parado alguien a medir el tiempo, la constancia, que
dedica cada país, región, organización a aprender? Si es
así agradecería que me hagan llegar esta información
aunque mucho me temo se basará en indicadores estándar del tipo
"horas de formación" en lugar de "participación emocional ante
nuevos escenarios".
Quiero acabar este
artículo comentando que en el mercado existen numerosas herramientas que
han sido útiles a las organizaciones en momentos puntuales para hacerlas
más competitivas vía mejora de la Calidad o vía incremento
de la Innovación. En contra de lo que nos gustaría, las
herramientas no aseguran el éxito sino que pueden ayudar a las personas
con objetivos claros a resolver problemas y a aprender.
Una de estas herramientas, la
Metodología Seis Sigma, puede ser tratada como estrategia de negocio.
Desde el Departamento de Gestión de la Innovación de
INASMET-Tecnalia utilizamos esta herramienta cuando identificamos que puede ser
útil para aumentar la competitividad de nuestros clientes.
También la acercamos, por medio de cursos en abierto, a aquellas
organizaciones que están interesadas en capacitar a líderes, pero
que no se encuentran en el momento de realizar cambios más
drásticos (en este caso sugerimos a los participantes acudir al curso
con un problema a resolver). Las entendemos, la inversión no es en
maquinaria es en cambiar hábitos de las personas y esto es más
complicado. :: Lourdes Pozueta, Master Black Belt en Seis Sigma y
Dep. Gestión de la Innovación INASMET-Tecnalia [20/01/2005] |