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Dentro de un entorno de
máxima competencia y optimización de los recursos, son muchas las
empresas que afrontan el futuro cercano con la garantía de conocer las
ventajas fiscales que se derivan de sus actuaciones en investigación,
desarrollo e innovación tecnológica.
Como consecuencia de tres
años de concienciación de la sociedad industrial y del mundo
investigador, tiempo invertido en crear una infraestructura solvente y que
inspira confianza, periodo destinado a la validación de las normativas,
así como a la optimización y puesta en práctica de las
metodologías de implantación y auditoría asociadas a estas
normas, finalmente la apuesta realizada por las entidades de
certificación de I+D+i y las asesorías que han crecido en su
entorno ha obtenido la recompensa esperada: la confianza de los gestores y
ejecutores de I+D+i.
Cuando desde al ámbito
institucional se buscaba la forma de incentivar la ejecución de
actividades de Investigación, Desarrollo e Innovación
Tecnológica para alcanzar los niveles de los países punteros a
nivel mundial, surgían ciertas desconfianzas. Existía un cierto
recelo frente a las propuestas que llegaban desde el marco gubernamental y esto
redundaba en la búsqueda de las subvenciones y desgravaciones fiscales
que se habían erigido como principales opciones para la
motivación.
Tal vez el debate interno que
existía era el de identificar cual es el papel que debemos ocupar dentro
de la economía mundial. Surgía la necesidad de elegir un camino
que nos convertiría en un país tractor de ideas, nuevos negocios
y consolidar una economía en crecimiento, o por el contrario asumir un
papel secundario de ejecutores de ideas ajenas y suministradores de mano de
obra de baja cualificación. Los números de los últimos
años muestran que se ha elegido la primera opción, y esto se
refleja en el incremento de los proyectos que se han desarrollado, en la
repercusión internacional de los mismos, y en la confianza que los
fondos europeos han depositado en reconocimiento al trabajo bien hecho.
La certificación de
proyectos de I+D+i puede ser considerada a día de hoy un claro indicador
del estado de la industria nacional, y el incremento de su aplicación un
fiel reflejo de la apuesta realizada por las nuevas metodologías de
gestión de las actividades de I+D+i. Estas metodologías, que
hasta la fecha presentaban carácter experimental bajo la
denominación UNE166000:2002EX, pendientes de una confirmación de
su aplicabilidad y aceptación, han pasado, adoptando leves
modificaciones, a gozar de un carácter definitivo bajo la
designación UNE166000:2006; como consecuencia de su excelente
incorporación a la gestión de las actividades de
Investigación, Desarrollo e Innovación , surgen nuevos miembros
en esta familia de normas, así como guías de aplicación
para sectores concretos de actividad.
El actual reto que se presenta
ante las empresas responsables de la normalización, las entidades
certificadoras y las administraciones que dan validez a toda esta estructura,
es afrontar con los mismo instrumentos que se han aplicado a la I+D+i la
innovación de carácter no tecnológico, siendo este un
escalón más en el camino para alcanzar las más altas cotas
de la excelencia en la gestión empresarial. Carlos J.
Rodríguez Ziurtek Certificacion, S.L. |